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Twitter con sabor a tocino

Cuando era pequeña le dije a mi padre que quería recibir tantas cartas como él cuando fuera mayor. «Hija mía, son todo facturas», me contestó. El desencanto de mi padre hacia mensajes desconocidos que llegaban cada día a su buzón es hoy un sentimiento inexplicable: todos estamos enganchados al móvil, al mail, twitter, messenger, ipod o a escuchar la conversación del vecino a través de una fina pared (un canal que jamás morirá).

¿Por qué necesitamos tantas relaciones sociales?

He leído pero no enlazo porque no recuerdo dónde que nuestro cerebro está cambiando a más femenino (lo siento, así lo decía el artículo : ). Estamos desarrollando más las conexiones neuronales y menos el conocimiento en profundidad. Es decir, hoy nos estimula picar un poco de todo y relacionarlo más que ser unos expertos en la influencia del escarabajo pelotero en el siglo de oro.

He aquí quizás la explicación de por qué algunas personas bajan los ojos a la blackberry cuando tomas aire en una conversación. O por qué nos gusta tanto twitter.

Al contrario de lo que oigo por ahí, a mí me gusta precisamente porque accedo a todo tipo de visiones y opiniones, y no sólo las de mi sector. Me permite salir de mi pueblo y conocer a los peculiares tipos que hay en la gran ciudad.

¿Tantas como 300?

El caso es que cuando pasas los 300, todos echan a correr. Desde el principio hasta el final del día han ocurrido tantas cosas que necesitarías toda una vida para digerirlas, ep, superficialmente. De repente dejas de saber lo que pasa en Bruselas porque no coincides en la conexión, o qué come Isaac. La conversación, a trompicones, cede terreno a la información. La ciudad se ha vuelto metrópoli.

¿Qué echo entonces de momento? La improvisación, otra de las cosas que más me gusta de twitter. Pillar a un madrileño a punto de «volver a aficcionarme al futbol gracias a twitter… que divertido está siendo» por el goooooooooooool del Barça y a todo un seo tiñendo su blog de rosa por apostar en caliente. Las bromas que se están perdiendo desde que este canal se está convirtiendo en un ranking de reputación.

¿Y por qué este artículo?

Me llamó mucho la atención la sensación compartida en una conversación de que las cosas están yendo muy rápidas. Y atando cabos, como hacen los cerebros hoy, llegué a la conclusión de que no hay que confundir el tocino con la velocidad. Hoy va tan rápido como ayer, sólo tienes más contactos.

¿Perderá twitter su frescura? Porque _y aquí ya empiezo mi reflexión, Francesc Grau_ Facebook ya la está perdiendo. De las fotos festivas a los Highlights y re-twitters de hoy parece que hayamos cambiado de herramienta. Demasiado hemos hablado sobre su poder los marketinianos, me parece.

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